Artículo de opinión

¿Destino manifiesto o destino inmoral?

“No podemos dejar a la Patria en manos de un poder extranjero. No podemos entregar al país en las manos del gran capital internacional. Solo los venezolanos somos dueños de nuestros destinos”

Durante la última campaña electoral estadounidense, entre el actual presidente Donald Trump y Hilary Clinton, se delineó un oscuro panorama para los pueblos y países que creen en la autodeterminación, la independencia y la soberanía.

En el caso de Mrs. Clinton, es una digna representante de los “halcones”. No titubeó a la hora de asesinar a Muamar el Gadafi o de auspiciar la creación y el crecimiento del Estado Islámico (ISIS) como arma colateral en la imposición de la política internacional y exterior de los EEUU.

Con respecto al ganador de la contienda, Mr. Trump, es un genuino representante de la élite capitalista y como tal se ha desenvuelto en el ejercicio de la primera magistratura del Ejecutivo del país norteño.

Con una visión del mundo bastante influenciada por la supremacía blanca, el segregacionismo, el bilateralismo selectivo, tanto la política internacional como la política exterior de Mr. Trump, apunta a un redimensionamiento del “destino manifiesto” norteamericano, enmarcado en el siglo XXI, pero mucho más violento y sin tener cortapisas en el derecho internacional.

Recapitulando en la historia, el “destino manifiesto” apunta a un designio de la providencia al pueblo norteamericano para desarrollar su visión de libertad y autogobierno por todo el continente.

Esta tesis es desarrollada a partir de 1845 y cada una de las diversas administraciones estadounidenses ha aportado su grano de arena en tal pretensión.

El “destino manifiesto”, además de ser una decisión de la providencia, se basa en una supuesta virtud, tanto institucional como ciudadana, y en la capacidad de rehacer el mundo a imagen y semejanza de los EEUU.

Cualquier acción que contraríe esta visión es susceptible a ser considerada una “amenaza extraordinaria”. Pero, ¿cuál es el aporte de la administración Trump al “destino manifiesto”? Considero que el principal aporte ha sido una ausencia de moralidad total y absoluta en su derrotero político.

No es que las administraciones anteriores, especialmente Bush II y Obama, hayan sido un modelo de moralidad, no. Sencillamente cuidaban solo un poco más las formas y los hechos. Con Trump la moralidad pasa a un segundo plano de manera brutal. La guerra mediática y la guerra psicológica son exponentes de esta decadencia criminal con la cual piensan doblegar a las naciones independientes a sus designios.

En nuestro país se vive actualmente las consecuencias de esta agresión inmoral que no respeta ningún miramiento humanitario. En primer lugar, la mentira. En la vocería oficial de la Casa Blanca nuestro país es gobernado por una dictadura que no respeta el derecho internacional. Pero nada dicen acerca de los millones de muertos de las guerras por petróleo que ha organizado el Pentágono. Del “derecho divino” a bombardear sociedades sin prueba alguna.

Hablan sobre “crisis humanitaria” pero no dicen que son consecuencia directa de sus bloqueos económicos y financieros que asfixian a la población. Critican supuestas “medidas populistas” tratando de minimizar la escasez inducida de alimentos, del agotamiento de las divisas y el aumento desenfrenado de los precios de los artículos de primera necesidad. Aumentar la inestabilidad económica y bloquear cualquier importación serán los pasos a seguir.

Ya es público y notorio el compromiso con el “derrocamiento” del gobierno venezolano, ya no se esconden en eufemismos, sino que, ante la imposibilidad estructural de la oposición interna, ya sea por sus disputas intestinas o la corrupción en los dineros enviados para tal fin o por el poco arraigo en sus propias bases, producto del desgaste político por las innumerables mentiras y engaños.

Para lograr un “destino manifiesto” en el siglo XXI, los EEUU están comprometidos hasta los tuétanos con el renacimiento del más puro fascismo. El ejemplo de Brasil, Colombia y Ecuador son los logros más acertados en este nuevo replanteamiento del papel de los EEUU en el continente.

En este objetivo, los EEUU no tendrán ningún miramiento, ni ético ni moral ni humanitario. Los DDHH son un coro mudo para alcanzar un fin.
Instituciones como la OEA, vaciadas de todo contenido continental o regional, son meras cajas de resonancias de los deseos de Washington.

Es por ello la importancia de las elecciones del 20M. No podemos dejar a la Patria en manos de un poder extranjero. No podemos entregar al país en las manos del gran capital internacional. Solo los venezolanos somos dueños de nuestros destinos, no entreguemos nuestra independencia ni el sueño de vivir en libertad. La realización del “destino manifiesto” es la neocolonización de Venezuela.

Hugbel Roa
Ministro del Poder Popular para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología
roahugbel@gmail.com
@hugbelpsuv